Leonardo Marino (1976, Argentina)

Leonardo Marino (1976, Argentina)

Fotógrafo argentino nacido en 1976, en la localidad de Monte Grande, suburbio al sudoeste de la Capital Federal de Argentina.
Estudió la carrera de Diseño gráfico en la UBA. En 1998 descubre su pasión por la fotografía y realiza diversos cursos y talleres.
Desde ese tiempo trabaja como fotógrafo free-lance en distintos ámbitos, a la vez que desarrolla su obra fotográfica.
Participó de exposiciones individuales y colectivas desde 2001.
Formó parte de los TEF (Talleres de Estética Fotográfica) de Eduardo Gil desde 2006 hasta 2015. También realizó clínica de obra con Alejandro Lipszyc. Continúa desarrollando su obra personal mientras es uno de los coordinadores de Fototaller Monte Grande desde 2010.

Exposiciones:

2017- "Luz de mujer" GAM Ranchos, Prov. de Buenos Aires.
2016- "Suburbios Cercanos" FOLA Fototeca Latinoamericana, exposición colectiva ganadores de revisión de portfolios.
2016- "Luz de Mujer" MAM La Plata. Museo de Arte y Memoria.
2015- "Suburbios Cercanos"- Individual - Fotogalería Museo Islas Malvinas - exMUGAFO La Plata. Buenos Aires.
2015 - Convocatoria Contacto Fotofest. "Emergente, una mirada de América Latina". Exposición Colectiva. Buenos Aires, Argentina.
2013 - Intervención de la Estación Dario Santillán y Maximiliano Kosteki, serie Suburbios cercanos. Buenos Aires, Argentina.
2011 - Suburbios cercanos. Colectiva, “Galería Arte y Parte”. San Telmo, Buenos Aires, Argentina.
2010 - Orfanato lúdico. Fotógrafos Argentinos 2010, una colección" Galería Roberto Guidotti. Santa Fe. Argentina.
2009 - Orfanato lúdico. Finalista premio Foster Catena, de Fotografía contemporánea. Buenos Aires, Argentina.
2008 - Corazón de Cuadril. Casa de la Cultura de Almirante Brown, en Adrogué. Buenos Aires, Argentina.
2007 - Corazón de Cuadril. Fotogalería de la UBA, Facultad de Ciencias Sociales. Buenos Aires, Argentina.
2003 - (En) el Tercer Día. Casa de la Cultura, Esteban Echeverría. Buenos Aires, Argentina.
2002 - Tríadas. Casa de la Cultura, Esteban Echeverría. Buenos Aires, Argentina.
- Día de la mujer. Centro Cultural El Telégrafo” Monte Grande, Buenos Aires, Argentina.
2001 - Imágenes Mezcladas. Casa de la Provincia de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires.
- Imágenes mezcladas. Centro Cultural “El Telégrafo”, en Monte Grande. Buenos Aires, Argentina.

Premios y selecciones:

2016- Finalista revisión de Portfolios FOLA. Fototeca Latinoamericana. Buenos Aires.
2015- Seleccionado Contacto Fotofest. Exposición colectiva callejera. Buenos Aires.
2010- Selección "Fotógrafos Argentinos, una colección" Galería Roberto Guidotti, Santa Fé, Pcia de Santa Fé.
2009- Finalista premio Foster Catena de fotografía contemporánea, "Orfanato Lúdico". Buenos Aires

Colecciones:

- FOLA - Fototeca Latinoamericana - Buenos Aires.
- Museo de Arte y Memoria - La Plata - Buenos Aires.

Publicaciones

2015- Revista "Puentes" noviembre. Luz de Mujer.
2012 - Revista Ocni Cultural, Universidad de Lomas de Zamora, Facultad de Ciencias Sociales.
2010 - 9 mujeres. En JPG Mag, New York. Gender Roles, issue 22.
2006 - Corazón de Cuadril. Revista FotoMundo.

TEXTOS

La doble periferia
Sobre la muestra fotográfica
SUBURBIOS CERCANOS, de Leonardo Marino

por Juan Diego Incardona

Conurbano, suburbio, periferia y margen son palabras que en los últimos tiempos se han repetido con insistencia en ámbitos políticos, culturales, académicos y periodísticos. Así que, para empezar, se trata de una paradoja, porque la periferia se ha vuelto centro. La política y la noticia no pueden escapar de esta zona de nuestro país, cuya incidencia es creciente no sólo en términos electorales, sino, fundamentalmente, culturales. Pero los conceptos que encierran las palabras y categorías generalizan un malentendido en sus definiciones, ya que es muy común escuchar o leer suburbio en el sentido de extensión de la ciudad, de periferia urbana; pero en realidad no es así. El conurbano es una periferia doble: de la ciudad y del campo. El espacio suburbano es, a la vez, un espacio subrural. Porque es una mezcla: es casco de luz y oscuridad; asfalto, barrio, semáforo, pero también descampado, río, luz mala. Sincretismo de paisajes y también de habitantes, de inmigrantes interiores y extranjeros. Es el gigantesco patio de un conventillo, donde se hablan numerosas lenguas y jergas. Su realidad es exuberante y desproporcionada. No hay mímesis ni realismo posible; en todo caso, hay realismo mágico, porque los contrastes son tan intensos que la linealidad es algo imposible. No hay linealidad ni cronología. Porque es una zona donde el espacio se temporaliza y el tiempo se espacializa. Esto es algo que puede percibirse en las fotografías de Leonardo Marino: capas. Un auto último modelo junto a un coche más viejo que su conductor; la carpa de un circo adornada con banderines de colores delante de una fábrica echando humo negro; un micro escolar en un baldío; un avión enorme empotrado a la vera de un camino. ¡¿Qué hace ahí?! ¡¿Quién lo puso?! Modernidad y reliquias; vida y fúsiles; y mucho cielo. En las fotos de Leonardo casi siempre está el cielo, de la mañana o la tarde; celeste o nublado, ocupando una parte importante de la imagen. Porque el conurbano no es sólo una extensión de Buenos Aires, donde no se ve el cielo. En el suburbio, hay ciudad y hay naturaleza, un cielo inmenso como el del campo. Pero tampoco es igual al campo, porque sus nubes están mezcladas con humo.
En el Romanticismo, los paisajes dejaban de ser marcos decorativos para convertirse en formas de expresión. En las pinturas y en la poesía romántica, el paisaje era una proyección emocional, anímica. Los sentimientos del poeta se revelaban en el día soleado o en la tarde gris melancólica. Artísticamente, la serie “Suburbios cercanos” me recuerda ese espíritu. En las imágenes pueden verse muchos escenarios y pocos personajes; y si aparecen, lo hacen de un modo lateral o lejano, como los policías dentro de un patrullero, o la gente que espera un colectivo en una porción de foto donde el protagonista es, en realidad, la misma vía pública. Autos, peatones, carteles, árboles, aparecen distribuidos con la misma importancia en aras de un protagonismo mayor que los excede y los reúne: la vía pública, que una vez más aparece urbana y natural, de cielo y calle, de pasto y vereda. No hay primeros planos; todas las imágenes buscan el panorama o una medida importante donde puedan caber edificios, barrios, supermercados y fábricas. En este sentido, las fotos de Leonardo Marino dan cuenta de la magnitud del suburbio, que más que sub, debería llamarse supra; ya que todo es enorme, en cantidad y distancia.
Hay una fotografía que quisiera destacar: un colectivo de la línea 141 sale de la terminal, un día gris. Por la vereda de la terminal caminan tres personas, se alejan; son los únicos seres humanos que se muestran (aparte estaría el chofer del colectivo, pero no es posible verlo, porque el parabrisas refleja el exterior como un espejo). En la vereda de enfrente (la nuestra, desde la perspectiva de la foto) en realidad no hay vereda, sino una mezcla de pasto, barro y cemento roto. Y hay palmeras. Esto me resulta mágico. Claramente, no pertenecen a este hábitat, son, igual que tantos otros seres vivientes del conurbano, inmigrantes. Palmeras inmigrantes. Las imagino luchando, sobreviviendo. Algunas permanecen firmes; otra está torcida y parece a punto de caer. Se percibe el viento, un viento fuerte que arrastra los papelitos tirados y vuela la pollera de una de las señoras que caminan. Esta foto del viento recortando la salida del 141 que nunca termina de salir y las tres personas que nunca terminan de pasar y la palmera que nunca termina de caer, es como una foto de la infancia, del significado de la infancia que yo recuerdo en el suburbio. Por eso, quiero agradecerle a Leonardo Marino por una foto como esta, por la identificación que produce. No como definición, sino como emoción. Suburbio cercano y lejano a la vez: inmigrantes, colectivos, viento, algo que pasa pero nunca termina de pasar.




Sobre Suburbios Cercanos
Eduardo Gil, noviembre 2016

Las fotografías de Leo Marino son silenciosas aunque atiborradas de gritos y sonidos. Gritos que aluden a la injusticia y la exclusión. No compadecen, no estigmatizan, no redimen. Paisajes casi desiertos. Muy pocas personas las habitan, sin embargo su presencia es imponente, en los colores y en las palabras, pintadas, dibujadas, insinuadas. Humor, reclamo, ingenio, estrategia y rebusque.
Cumbia en la noche lejana. Un altavoz en la quietud de la siesta. El relato futbolero como telón de fondo del domingo.
No hay aquí espacio para la ironía cínica, la sonrisa cómplice o la latinoamericanidad socarrona a la medida del cliché de exportación. La obra de Leo, rica en implicancias sociales y políticas es también, esencialmente, un poema melancólico y profundo. Quizás un gesto de vago desencanto, quizás un guiño escéptico.





Leonardo Marino presenta “Suburbios cercanos”
por Noelia Leiva.

El autor exhibirá por primera vez en La Plata su trabajo sobre el Conurbano bonaerense, desde una perspectiva que destaca la complejidad, la ironía y la intriga de un espacio que atrapa con sus historias. En Mugafo, desde el 30 de octubre.

Con una mirada atenta a la profundidad del detalle, el fotógrafo Leonardo Marino presenta “Suburbios cercanos”, una exposición de 21 imágenes que encierran la complejidad del Conurbano bonaerense: el patio trasero de la porteñidad pero también su pujante economía, el gris del cemento en contraste con el color de los espacios de juego, la inmensidad del campo que asume anuncios de urbanidad. En esta puesta, el autor devela un ojo atento, propio de aquel que tiene la experiencia de vivir y permanecer en un lugar. Una patria chica y diversa, que podrí re-conocerse a partir de la muestra.
Entre el 30 de octubre y el 18 de noviembre, el platense Museo Galería Fotográfico (Mugafo) hará gala de estar ubicada en la capital provincial, porque se convertirá en un panóptico de escenas de la cotidianeidad del territorio bonaerense. Esas que a diario alimentan miles de personas. Un colectivo que sale de su terminal, el supermercado de la esquina, edificaciones perdidas que parecen estatuas silenciosas del pasado, los días de sol. “Son hallazgos de eso que siempre está ahí pero nadie se detiene a mirar. Está la injusticia, la violencia, la política, el consumo, los resabios de la dictadura, pero también el sueño de la casa propia, la diversión”, describe el fotógrafo.
En un trabajo que interpela, el desafío será pararse delante de cada imagen y recuperar la trama de ese instante. Marino trabajó seis años en el recorrido de rutas, descampados y vecindades, por lo que “Suburbios cercanos” es una síntesis de una serie aún más grande. Allí donde el sincretismo de la ciudad combina autopistas y “cursos de agua que aparecen y se esconden” está el ojo del fotógrafo, que busca correrse de los estereotipos que pesan sobre esta porción de la provincia. Hay algo que también busca: no simplificar. El Conurbano es urbe y campo, rutina y dormitorio, día nublado y diversión a la vez.
Dijo el escritor Juan Diego Incardona, que en sus relatos trabaja sobre los lugares mismos lugares que el fotógrafo: “Es una zona donde el espacio se temporaliza y el tiempo se espacializa. Esto es algo que puede percibirse en las fotografías de Leonardo Marino: capas”. Es una construcción documental y contemporánea a la vez, porque existe la premeditación de la idea y la vocación de detener lo que sucedió en ese ‘ahí’ y ese ‘entonces’ para la posteridad.